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Llega la navidad y con ella el desmesurado despliegue de luces en las calles de la ciudad. Es el momento, ¡¡ha llegado la época de las compras abusivas!!

Aquello que antes simplemente era una tradición en la que lo que importaba era estar, acordarte y conseguir una sonrisa de tus seres más queridos parece que se ha convertido en una carrera por conseguir el mejor regalo.

Desde hace un par de meses estamos viendo como nos bombardean en la televisión con anuncios de productos totalmente prescindibles y que de tanto verlos, acaban siendo absolutamente necesarios para seguir viviendo. Tal vez, pareciera que diciendo esto se ha exagerado un poco, pero en realidad, es lo que se deduce después de ver lo que pasa en las tiendas durante esta época. Una buena definición que explica perfectamente este comportamiento es la del consumismo, ya que podríamos definirla como la introducción al consumo no necesario a través de una larga publicidad que lleva a la compra de productos no necesarios y rápidamente sustituibles por otros, igualmente innecesarios y poco perdurables, con el fin de mantener la producción.

El consumismo se ha apoderado de nosotros, cuánto más tengamos mejor y más felices se supone que conseguiremos ser. Nos han hecho creer que el dinero y en consecuencia las propiedades y en general lo material, dan la felicidad, pero en realidad, si lo reflexionamos profundamente la mayoría de nosotros coincidimos en la conclusión de que esto no es así, cuánto más tienes más quieres, no hay una cifra con la que llegues a esa plenitud que con tanta ansia buscamos. La razón es bien simple, lo que nos hace felices y nos consigue arrancar una sonrisa es el contacto y la convivencia con los demás, el bienestar de tu familia, un paseo por la orilla de la playa, un día en la montaña disfrutando de la naturaleza… Y aunque, no hay poca razón cuando se afirma que sin dinero no se puede vivir en este mundo que hemos creado, debemos encontrar nuestro término medio.

A estas alturas del año ya estamos preparados, tenemos creada la necesidad, así que comienza el ciclo, el exceso de consumo produce, lógicamente, un exceso desmesurado de fabricación para abarcar todas nuestras “innecesidades”. Esta cadena se hace muy larga y contaminante. De la producción de cualquier producto nace la explotación de los recursos que la naturaleza nos brinda. El plástico del petróleo, la madera de los árboles, los diamantes de las minas… Solamente la extracción de cualquiera que sea la materia prima que necesitamos ya le crea un gran daño a nuestro planeta, las fuentes de recursos se agotan día a día gracias al abuso que se hace de ellas. Después de la extracción de la materia prima llega el segundo paso, la contaminación que conlleva el transporte hasta las empresas de transformación, fabricación y manipulación de los productos, en las que, normalmente, en un tanto por ciento muy elevado no suelen alcanzar siquiera los mínimos estipulados de derivación y tratamiento de los residuos, emisión de humos, ruidos y sobretodo, en el caso de las grandes empresas, la vulneración de los derechos humanos, trabajo y sueldo digno. Tampoco debemos olvidar los embalajes, los montones y montones de plásticos y cartones que se usan para su transporte y su presentación final.

Más tarde, los grandes viajes de una punta del globo a la otra que realizan los productos terminados hasta llegar a los comercios. Y para colmo y cómo con todo esto no es suficiente, todavía aportamos nuestro último granito de arena cuando lo compramos, ya que salen de nuestra boca estas dos frases: “¿Me lo puedes envolver para regalo, por favor?” y “Si puede ser,  pónmelo en una bolsa. Gracias.”

Al final hemos convertido lo que en un principio era un capricho, en una huella importante de nuestro paso por este planeta.

El mundo del “usar y tirar” está cogiendo cada vez más forma, la adquisición de lo superfluo se ha convertido en una norma aunque sea perjudicial para el medioambiente o, lo que aún es peor, para nuestra salud. Cada vez se fabrica con peor calidad, obteniendo productos menos duraderos del tipo bonito y barato. De manera que, estamos obligados a comprar, consumir, tirar y de nuevo comprar, sin pararnos a pensar en el montón de residuos que esto acaba ocasionando.

Y por supuesto, no debemos olvidar que, si con algo hemos de tener especial cuidado es en nuestros pequeños, ya que por su corta edad son muy vulnerables. Los profesionales del márketing esto lo saben, de modo que, muchísima publicidad va dedicada en exclusiva para ellos y es nuestro deber protegerlos, porque el consumismo es contaminante, injusto, insolidario y deshumanizador.

Contaminación, efecto invernadero, capa de ozono, residuos, materias primas, fuentes de energía que deriva en erosión de suelo, desertización, lluvia ácida… todas estas palabras forman parte de nuestro día a día, pero realmente, ¿queremos este mundo? Entonces, ha llegado la hora de reflexionar acerca de todo esto, evidentemente el consumo es inevitable pero es necesario que lo hagamos de una manera responsable y sostenible. Así que, tal vez, deberíamos volver a aquellos tiempos en los que, regalar unos guantes, era el mejor de los regalos.