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Las dioxinas son compuestos químicos obtenidos a partir de procesos de combustión que implican principalmente a compuestos clorados. Estas toxinas son poco biodegradables y muy solubles en las grasas, y tienden a acumularse en suelos, sedimentos y tejidos orgánicos, incluso pudiendo penetrar en la cadena alimenticia.

Aunque normalmente se encuentra en bajas concentraciones, en los últimos años preocupa su presencia en el ambiente, ya que algunas de ellas son extremadamente tóxicas, junto a estas se suelen encontrar también los furanos que son compuestos químicos similares.

Se liberan en el aire al fabricar pesticidas, conservantes, desinfectantes, componentes del papel o cuando se queman materiales como gasolina con plomo, plástico, papel, madera o algunos productos químicos.

fabrica expulsando dioxinas

La mayoría de las dioxinas son sólo ligeramente tóxicas pero hay una docena de ellas que están entre las sustancias más nocivas que se conocen. De hecho, una clase de dioxina es uno de los componentes del Agente Naranja, una arma química utilizada por los Estados Unidos en la guerra de Vietnam que provocó malformaciones en la descendencia de todo aquel que estuvo contacto con ella.

Aunque este compuesto, que se sepa, no se usa de manera habitual, sí están presentes en nuestra vida cotidiana muchos otros compuestos de dioxinas diferentes que no son tan graves como ésta, pero que sí es importante tener en cuenta.

Recientemente se las ha relacionado con una enfermedad ginecológica que causa dismenorrea o dolor menstrual e infertilidad. Aunque a los investigadores les preocupan más los efectos que puedan ocasionar a largo plazo en las personas que están expuestas incluso en cantidades muy bajas. Produciendo cáncer, defectos de nacimientos, reducción de la fertilidad y cambios en el sistema inmunitario en todos los seres vivos en contacto con dichas partículas.

Por otra parte, también existen las dioxinas que aparecen en los objetos, generalmente en los de plástico y consecuentemente en los alimentos que ingerimos. Todo cuanto comemos incluye al menos un pequeño porcentaje de estas sustancias, siendo más elevado cuanto más graso sea el alimento, ya que estas partículas se sedimentan en los tejidos grasos siendo muy duradera su degradación. Ahora bien, sabemos lo que tenemos y que es difícil no toparse con ellas pero siempre podemos actuar de manera particular para detener esta situación:

  •  Disminuir su consumo en los alimentos como en carnes, pescados, moluscos, aves, huevo y leche.
  •  Vigilar las tablas publicadas periódicamente por los sistemas de sanidad para conocer el grado de toxicidad de los alimentos.
  •  Evitar la utilización de plásticos en nuestra vida diaria, sobretodo los que estén en contacto con los alimentos y teniendo en cuenta que al aplicarles frío (frigorífico o congelador) o calor (horno o microondas) desprenden las dioxinas con mayor facilidad.
  •  No usar productos que hayan producido su liberación como pesticidas, fertilizantes…
  •  Si es posible, evitar combustiones reciclando.