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La miel es aprovechada por el hombre desde los primeros pobladores, ya en las pinturas rupestres de las cuevas de la Araña de Bicorp (Valencia) que datan de 10.000 años a.c. aparecen dibujados los recolectores de este alimento. Es rico en azúcares, vitaminas, aminoácidos y minerales.

Estas propiedades hacen que, además de un sano alimento para la vida diaria, sea uno de los mejores aliados para combatir un resfriado, así como algunas afecciones de la piel e incluso, según miel de abejademuestran estudios recientes, para el tratamiento de quemaduras leves y heridas superficiales gracias a que posee también un efectivo agente antimicrobiano natural.

En la actualidad, este es uno de los productos que más fama tiene de ser un producto tradicional con apenas modificación, pero, desde hace unos años los laboratorios de las Universidades y de las organizaciones de consumidores se emplean a fondo para verificar que esto sea así, descubriendo que no siempre es tan sano como nos hacen creer los fabricantes.

Estos análisis nos indican que las muestras contienen un mayor porcentaje de restos de antibióticos añadidos del que cabría esperar. A diferencia de lo que sucede con otros productos de origen animal, como la carne, la leche o los huevos, para la miel, la ley no establece ningún límite de residuos de antibiótico. Sí es verdad que está permitido usar antibióticos con fines curativos en animales siempre que no dejen restos muy altos en la carne, pero únicamente deben ser usados para combatir enfermedades y no sistemáticamente de forma preventiva o para activar el crecimiento de los animales como se hace con las abejas.

Estas dosis de antibiótico no son peligrosas para la salud a corto plazo, pero a largo plazo entrañan consecuencias muy negativas, pues el cuerpo humano crea microorganismos resistentes, que en el caso de su administración para luchar contra una enfermedad diagnosticada quedaría sin eficacia. Nuestro organismo combate las infecciones gracias a los anticuerpos, sólo cuando éstos no consiguen eliminar la infección es cuando se suelen administrar los antibióticos, si se recurre directamente a los antibióticos antes de que nuestro propio organismo luche, nuestros anticuerpos se relajan a la hora de crear refuerzos y cada vez se hacen más débiles ante las antiguas y nuevas enfermedades.

A esto, se le suma el resto de procesos a los que es sometida la miel a lo largo de su producción, siendo el más problemático de éstos el excesivo recalentamiento. Aunque la miel no caduca en el sentido de que se vaya a deteriorar hasta el punto de que su consumo sea desagradable o tóxico, es cierto que con el paso del tiempo va perdiendo propiedades y frescura. Además, con el calentamiento que a veces se le da para facilitar su envasado y para evitar su cristalización, se acelera la pérdida de sus propiedades más rápidamente e incluso, llegando a alterar su textura, color y pérdida de aromas. De este modo, gracias a esta práctica, puede que, una miel recolectada hace unos años y transformada en el día de hoy, con sus propiedades mermadas, pueda ser puesta a la venta sin ningún problema.

en la mielPuesto que no hay ninguna regulación severa al respecto de los antibióticos y añadiendo los procesos a los que queda expuesta en su producción, la calidad de la miel que habitualmente consumimos es muy desfavorable.

Se ha de tener en cuenta que la utilización de antibióticos como prevención de enfermedades en las abejas, no sólo son métodos utilizados por grandes empresas sino que los pequeños apicultores también pueden valerse de este sistema para mantener sus panales libres de enfermedades. Con lo cual es importante fijarse en que la miel que compramos haya obtenido los certificados ecológicos correspondientes para que estén libres de estos residuos así como la fecha de recolección.